Se asocia comúnmente la palabra Espiritualidad a conceptos como “religiosidad”, “bondad”, “fe”, “elevación del alma”, “rectitud” o “misticismo” entre otros . Sin embargo, la Espiritualidad como práctica ha estado desde tiempo remotos y sociedades antiguas indefectiblemente ligada a los conceptos del Bien y el Mal como principios arquetípicos y primigenios al ser humano. La desacralización occidental iniciada con el racionalismo cartesiano y posteriormente con la revolución industrial en una sociedad cuyo motor es el consumo y la depredación materialista han borrado la conciencia de la delgada línea que separa el Bien y el Mal dando lugar a fenómenos y prácticas espirituales de todo tipo -cuyo más reciente exponente es el fenómeno new age, un verdadero supermercado de espiritualidad à la carte- donde observamos un auge de manifestaciones somáticas múltiples ligadas a la adicción pero también una necesidad profunda del ser humano de encontrar un sentido a la vida y una espiritualidad sana.

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